viernes 8 de febrero de 2008

DE LA GRAN IGLESIA DE MUFLEFIGUERIÈRE -ÚLTIMA PARTE


Pero no dijo palabra por miedo a excederse en lo que pensaba.
El Mufle reculaba con la punta de su concha por delante, haciendo retirarse a la gente; y sus pinzas masticaban como bocas que farfullan. La hoja de la espada, surgida reluciente de su vaina de piel de cerasta, se mellaba hasta en los pelos del caparazón de los miembros.
Entonces Faustroll empleó el as. Tirando con más violencia de sus guías, curvó más sensiblemente el as; pues la barra no mandaba un timón plano en la parte posterior, sino que cimbreaba desde la parte anterior la larga quilla a la derecha, a la izquierda, arriba y abajo, según a donde quisiera ir; y la estrecha tela de cobre fue como el resplandor rojizo de una media luna; y mientras yo iba agarrando con mis ventosas el azar terso del granito, el doctor me condujo hasta el monstruo. Y en derredor, nuestra navegación se contorneó como el anillo nupcial del beso de Narciso de una anfisbena.
El preste Juan, mediante este artificio, alcanzó fácilmente al Mufle, que había conseguido cierta ventaja, mientras su adversario descendía sus doce escalones hasta su nivel: lo sacó de la concha con la empuñadura horquillada de la espada y le dividió el culo en tantos trozos como personas estaban presentes en la nave; pero ni él, ni nosotros, excepto Bosse-de-Nage, quisimos probarlo.
Y el combate hubiera sido en todas sus peripecias la imagen de una corrida de toros española si el toro Culo de Concha no hubiera buscado la estocada al cabo de su huida circular y no de frente.
En ese momento, el predicador enjoyado con gemas volvió a subirse al púlpito para su peroración. Y los feligreses, purgados del humor craso de la posesión del Mufle, le aplaudieron.
En cuanto a nosotros, salimos hacia las cercanas campanas de la isla Sonante, sin que Faustroll consultara ya los astros, con la ruta iluminada por las proyecciones, según las vías en forma de estrella fuera de la iglesia, de los vitrales de colores cambiantes como palabras.

3 comentarios:

TOROSALVAJE dijo...

Prefiero ser salvaje que culo de concha.

Está muy bien.

Me gustó.

Besos.

digler dijo...

me dejaste mudo con esa historia...

Polvorilla dijo...

Torosalvaje: me sumo a tu comentario, me alegra que te haya gustado.

Besos.


Digler: Cuando escribes en tu bloc aconteceres sentidos, yo también me quedo muda.

Un abrazo.