viernes 27 de junio de 2008

MI MORADA EN EL MONTE MEDIODÍA



Desde mi edad madura,
ya me encanta el budismo.
En el ocaso de mi vida,
decido vivir mi retiro
al pie del monte Mediodía.
Salgo, cuando me place,
a dar un paseo solo,
y es un deleite inefable.
Llego hasta donde termina el arroyo.
Sentado, miro las nubes que nacen.
Por casualidad me encuentro
con un anciano que vive en el bosque.
Charlando, charlando y riendo,
se nos olvida el regreso.

Wang Wei.

7 comentarios:

Pluma estilográfica dijo...

Escuchar el lento movimiento de la naturaleza en su medio creo que es de las cosas más increíbles que se pueden experimentar.

Si además, a eso le añadimos una jocosa conversación con un anciano, es para bordarlo.

Me ha encantado el post, como viene siendo habitual.

Saludos!!!

TOROSALVAJE dijo...

Jo, que relajo, que paz, que serenidad, me ha encantado.

Besos.

Camille Stein dijo...

inmejorable es el viaje cuando se olvida el regreso

pura calma y deleite en las pequeñas cosas...

un beso

Polvorilla dijo...

Pluma estilográfica: no sabes cuanto me alegro de poder compartir estos delicados textos, gracias por tu sensibilidad.

Un abrazo.


Torosalvaje: es genial saber que desde este pequeño espacio se ha podido transmitir un poco de paz.

Besos.


Camille Stein:
Es cierto lo que comentas, cuando estamos en buena compañía se paraliza el tiempo.

Un beso.

Mauro dijo...

Que ganas de olvidar el como y el porque regresar...

Saludos, niña.

Mauro dijo...

Te re-leo, y me haces recordar un lugar en que uno de los maximos placeres era ver las nubes moviendose en el cielo, mientras el silencio caia en la tarde.

PD. Que bueno que no olvidé el como y porqué regresar...

Polvorilla dijo...

Mauro: Es tan gratificante tropezar con personas sensibles, que es un regalo para mí el tener almas nobles en esta casa.

Un beso y un abrazo cálido.