
(Tradición china e indo-aria)
Una cultura que quiere expresar las relaciones místicas del cosmos por medio de melodías consideradas como la substancia de las fórmulas abstractas de la especulación matemática y astrológica, deja entrever un pensar metafísico o filosófico cuyo ritmo, por ser cantado y no solamente pensado, respira algo de la verdad inmediata de la sensación biofísica. Sus ideas son no sólo sabidas, sino también sentidas. Pero tal cultura supone un ser humano con un pensar muy equilibrado. El hombre activo, y específicamente el hombre moderno, en su pensar (o extremadamente refinado o sumamente bruto y rudimentario), corre siempre el peligro de descarriarse o de alejarse de las realidades objetivas. Pierde el contacto directo con la verdad inmediata por estar preocupado mucho más de imponer sus ideas al mundo circundante que no de conocer este mundo. La alta mística exige que cada idea elaborada por la reflexión subjetiva esté siempre controlada y ratificada por la realidad objetiva. Es menester que cada idea sea una verdad viable, un ritmo verdadero de
Y vi, y he aquí una mano enviada a mí, en la que estaba un libro arrollado: y lo abrió delante de mí, el cual estaba escrito dentro y fuera: y había escritas en él lamentaciones, y canciones y ayes. Y me dijo: hijo de hombre, cuanto hallares cómetelo: come este volumen y anda a hablar a los hijos de Israel. Y abrí mi boca, y me dio a comer aquel volumen. Y me dijo: hijo de hombre, tu vientre comerá, y se llenarán tus entrañas de este volumen, que yo te doy. Lo comí: y en mi boca se hizo dulce como la miel.
Vivir la vida que uno piensa y conformar del todo la vida práctica a sus ideas constituye ciertamente el elemento fundamental de la personalidad. Pensar sus ideas no equivale todavía a vivirlas, pues para ser vividas deben ser tragadas. Únicamente cuando se logra la armonía entre el ideal pensado y los actos, las verdades pueden llegar a cantar. La exactitud con la cual se efectúa la imitación o la realización del ideal, informa el grado de veracidad y de intensidad de una cultura. De la discrepancia entre el pensar (o el hablar) y el obrar resulta una cultura ficticia que, a lo sumo, puede ser una civilización. En ella las verdades no cantan; sólo chillan o enmudecen.


9 comentarios:
de la distancia cada vez más larga entre entre idea y realidad surge una sociedad cuasi-paranoica, en donde la acción desmiente punto por punto el pensamiento crítico
lejanos de nosotros mismos conseguimos alejar cada día más el mundo que nos acoge
gran texto...
un beso
El ideal de progreso nos ha alejado de las verdades expresadas en las tradiciones orientales...
Muy buen blog!!!
Saludos
todo parece indicar que la vida actual apunta al alejamiento de la conciencia individual y de la esencia misma de ser un autentico ser humano.
afortunadamente, no todos estamos dispuestos a seguir esa senda simplista
Camille-Stein: Así es, nos hemos convertido en dioses con los pies de barro, que sólo nos preocupa justificar el acto sin pensar las consecuencias finales.
Un beso.
Rosas gamarra: Progresar es bueno pero no a cualquier precio, el amor y el respeto tiene que estar presente en todo momento.
Saludos.
Digler: Está claro que si carecemos de conciencia individual mucho más de conciencia colectiva, así somos más manipulables no te parece?.
Es cierto que existen muchísimas personas con pensamiento propio y que no se han alejado de su propia naturaleza y a la vez tienen alma grupal.
Un fuerte abrazo.
La armonía cantada y no sólo pensada.
Curiosamente, leía el otro día en un blog la misma idea aplicada a la literatura. O, más concretamente al hecho escritural: el paso de la idea al texto. La trasmisión, casi por contagio, de una verdad íntima y válida, evitando las barreras artificiales entre las ideas y la manera de exponerlas.
Es muy interesante comprender que hay que llegar al punto en que todo debe ser musicalmente audible. Creible, por armónico.
Sin gritos y sin mudez.
Bon día tinguis!
Pensaba en la coherencia entre las ideas y el actuar. La sociedad sería menos esquizofrénica, sin embargo, agradezco alguna incoherencia en ciertos campos del quehacer humano.
Ojalá algunos dictadores hubieran sido incoherentes y hubieran traicionado su alma, si es que la tenían, claro.
Hay melodías y melodías...
Frac: Sabemos lo que sentimos y sentimos lo que vivimos, el resto está por descubrir para cada uno de nosotros.
Un fuerte abrazo.
Mauro: La mezquindad de algunos seres no tienen limitaciones, sólo piensan en sí mismos (chillan), por ello apuesto por las personas que determinan un camino limpio de corazón, pues al final siempre se reduce a dos caminos, y cada uno de nosotros tiene que definir que camino elige.
Un beso grande como tú.
¡Y que sigan cantando! Que no hay mejor ritmo que el que nuestro cuerpo nos pide. ¡Que no pare la música!
Saludos!!!
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