martes 26 de febrero de 2008

NOSTALGIA


Quiero volver a ti como regresa
al hogar el viajero desvalido.
Quiero volver a ti como retorna
el ave en primavera hacia su nido.

Quiero otra vez tenerte entre mis brazos,
encontrar en tu boca el embeleso,
aspirar de tu cuerpo el suave aroma
y dormir arrullado por tus besos.

Quiero sentir, como antes, la ternura
palpitar en el fondo de tu alma,
restañar de mi ensueño las heridas
y a tu lado otra vez hallar la calma.

Quiero volver a ti, mas lo imposible
se interpone, fatal, en mi camino...

Y el ave sigue su vuelo vagabundo
y su ruta prosigue el peregrino...

En rique González Rincones
(Venezolano).

viernes 22 de febrero de 2008

ORFEO EN BUSCA DE EURÍDICE


Ciega de amor y deseo
te vi llegar y fui detrás de ti
negando el límite que
al amor pone ausencia.
Caminé sin pensar que
rompieras el pacto,
de no ver hacia atrás
por si yo era la misma
o si inexorable me había
cambiado el tiempo.

Pero eras tú Orfeo,
el que había cambiado
y al volverte,
irredimible para siempre
me convertí en sombra,
silencio y olvido.

LUZ MÉNDEZ DE LA VEGA

martes 12 de febrero de 2008

LIGEREZA



La sensación o las imágenes oníricas de ligereza que evoca la danza, un velo transparente y flotante, la gracia móvil de ciertos gestos, la música, todo lo que es aéreo, vaporoso o ascensional, se vincula con los símbolos de elevación. Todos estos signos simbolizan la aspiración a una vida superior, a la liberación de la angustia ya en curso de realizarse, a una liberación que puede buscarse ya sea por el lado de la evasión, lo que sería una engañosa ligereza tramposa; bien sea por el lado de la superación, que sería la auténtica ligereza.

viernes 8 de febrero de 2008

DE LA GRAN IGLESIA DE MUFLEFIGUERIÈRE -ÚLTIMA PARTE


Pero no dijo palabra por miedo a excederse en lo que pensaba.
El Mufle reculaba con la punta de su concha por delante, haciendo retirarse a la gente; y sus pinzas masticaban como bocas que farfullan. La hoja de la espada, surgida reluciente de su vaina de piel de cerasta, se mellaba hasta en los pelos del caparazón de los miembros.
Entonces Faustroll empleó el as. Tirando con más violencia de sus guías, curvó más sensiblemente el as; pues la barra no mandaba un timón plano en la parte posterior, sino que cimbreaba desde la parte anterior la larga quilla a la derecha, a la izquierda, arriba y abajo, según a donde quisiera ir; y la estrecha tela de cobre fue como el resplandor rojizo de una media luna; y mientras yo iba agarrando con mis ventosas el azar terso del granito, el doctor me condujo hasta el monstruo. Y en derredor, nuestra navegación se contorneó como el anillo nupcial del beso de Narciso de una anfisbena.
El preste Juan, mediante este artificio, alcanzó fácilmente al Mufle, que había conseguido cierta ventaja, mientras su adversario descendía sus doce escalones hasta su nivel: lo sacó de la concha con la empuñadura horquillada de la espada y le dividió el culo en tantos trozos como personas estaban presentes en la nave; pero ni él, ni nosotros, excepto Bosse-de-Nage, quisimos probarlo.
Y el combate hubiera sido en todas sus peripecias la imagen de una corrida de toros española si el toro Culo de Concha no hubiera buscado la estocada al cabo de su huida circular y no de frente.
En ese momento, el predicador enjoyado con gemas volvió a subirse al púlpito para su peroración. Y los feligreses, purgados del humor craso de la posesión del Mufle, le aplaudieron.
En cuanto a nosotros, salimos hacia las cercanas campanas de la isla Sonante, sin que Faustroll consultara ya los astros, con la ruta iluminada por las proyecciones, según las vías en forma de estrella fuera de la iglesia, de los vitrales de colores cambiantes como palabras.

lunes 4 de febrero de 2008

DE LA GRAN IGLESIA DE MUFLEFIGUERIÈRE (1ª PARTE)


Oíamos ya las campanas, como todos los carillones de Barbante, de ébano, de arce, de encina, de caoba, de serbal y de chopo, de la isla Sonante, cuando me reconocí entre dos muros negros, bajo una bóveda y después en medio del deslumbramiento de una vidriera continua. El doctor, sin dignarse prevenirme, con las cuerdas de seda de su timón había disparado el as en medio del gran portal de la iglesia catedral de Muflefiguierière. Por las losas de la nave, de la cual la nuestra resultó simétrica, mis remos rechinaron como la tos, prefacio de atención, de las patas de silla que se mueven.
El preste Juan subía al púlpito.
La terrorífica forma guerrera y sacerdotal fulguró por encima de la asamblea. Mallas de loriga, alternadas con rubíes balajes y diamantes negros, tejían su casulla. A guisa de cuentas de rosario se bamboleaban en su cadera derecha una guiterna de madera de olivo y en la izquierda su gran espada de mandoble emplamada con una medialuna de oro por guardamano, en su vaina de piel de cerasta.
Su sermón fue retórico y muy latino, ático y asiático al mismo tiempo; pero yo no comprendía por qué era estrepitoso desde los escarpes hasta los guanteletes, ni los períodos ordenados como los episodios de una disputa dialéctica.
De repente, de un falconete que estaba amarrado a una losa de más abajo con cuatro cadenas de hierro, salió una bala de bronce, cuya carga hundió la sien derecha del orador partiendo el almete hasta la tonsura, desnudando el nervio óptico y el cerebro en su lóbulo derecho, sin conmover la fortaleza del entendimiento.
Simultánea al humo del falconete, una vaharada acre salió de las gargantas de la gente y, al condenarse, tomó la forma de un monstruo espeso al pie del púlpito.
Ese día vi al Mufle*. Es honorable y bien proporcionado, en todo punto semenjante al cangrejo ermitaño o paguro, como Dios es infinitamente semejante al hombre. Tiene cuernos que le sirven de nariz y de papilas linguales, en forma de largos dedos que le salieran del ojo; dos pinzas desiguales y diez patas en total; y, como el paguro, al no ser vulnerable más que por el culo, lo refugia, así como su sexo elemental, en una concha robada.
El presente sacó su gran espada y quiso acometer al Mufle, ante el notable nerviosismo de los asistentes. Faustroll se quedó impasible y Bosse-de-Nage, sobremanera interesado, se olvidó al punto de pensar visiblemente ¡Ha ha!.

*Mufle, es un término familiar de ligero insulto con múltiples sentidos, que van de patán y grosero a canalla.

Alfred Jarry.