lunes 31 de marzo de 2008

SONETO


Puesto que he de morir y lo reclama
el árbol y la tierra y Tú lo quieres,
y, muriéndote a trozos, me prefieres
prolongado en la tierra y en la rama.

Puesto que en mí, sin esperar, te ama
el fruto que soy de tantos seres;
puesto que he de morir y Tú no mueres
y hay un turno de rosas que me llama...,

Yo, que quiero vivir, y lo quiero
tanto que hasta en la muerte viviría
toda esta amarga tierra generosa,

no me dejes morir, y si me muero,
concédeme a mi muerte cada día
el aire, el sol, el pájaro, la rosa.

Fernando Gutiérrez.

martes 25 de marzo de 2008

EL PENSAMIENTO


El echo de pensar nos hace presentes a nosotros mismos. Las sensaciones físicas, sobre todo el dolor, son instrumentales. Ahora bien, pensar en nosotros mismos es el principal constituyente de la identidad personal. No puedo pensar que yo no soy, a menos que fantasee y sea un juego meramente verbal. Incluso en caso de locura, la eliminación del pensamiento se produce simultáneamente, tautológicamente, con el cese del ego.
No hay nadie, no hay nada, que pueda penetrar de manera verificable en mis pensamientos. Que un ser humano lea los pensamientos de otra persona no es más que una figura retórica. Yo soy capaz de esconder mis pensamientos. Puedo encubrir y falsificar la expresión externa de la misma manera que lo hago con mi rostro o con el lenguaje corporal. Los llorosos se agrupan afligidos delante de los restos de clientes que les son desconocidos. Ni tan siquiera la tortura puede arrebatarme con seguridad los pensamientos más íntimos. No hay otro ser humano que pueda pensar por mi. Esta es la razón determinante, la trama ontológica que explica por qué no hay otro hombre u otra mujer que pueda morir por mi en el sentido literal de la expresión. No hay nadie que pueda asumir mi muerte. Puedo morir con el otro, pero jamás por el otro, por muy inalienables que sean los lazos o la afinidad que nos una. Los ciegos, los sordomudos, los paralíticos o los enfermos inmovilizados por una esclerosis lateral amiotrófica pueden nutrir, formalizar y exponer pensamientos que lleguen hasta el límite de nuestro universo. El pensamiento es la única posesión segura que tenemos. Pensar elabora lo que es nuestra esencia; hace que nos sintamos como en casa o como unos extraños dentro de nuestro yo. La presión intrínseca del pensamiento es tanta que algunas veces nos cuesta esconderlo dentro de nuestra consciencia, silenciarlo internamente, sirviéndonos de un medio que la psicología nombra amnesia o represión. Es dudoso que estos pensamientos sean irrecuperables. Respiro, por lo tanto pienso.

martes 11 de marzo de 2008

LA MIRADA


La mirada aparece como el símbolo y el instrumento de una revelación. Pero, más aún, es un reactivo y un revelador recíproco del que mira y el mirado. La mirada del otro es un espejo que refleja dos almas. Se le podrían aplicar estos versos de Baudelaire:

Hombre libre, siempre amarás el mar.
El mar es tu espejo; tú contemplas tu alma
En el desarrollo infinito de su oleaje.
Y tu mente no es un abismo menos amargo.
...Ambos sois tenebrosos y discretos:
Hombre, nadie ha sondeado el fondo de tus abismos.
Oh, mar, nadie conoce tus riquezas íntimas.
Tan celoso sois de guardar vuestros secretos.

La mirada es como el mar, cambiante y reverberante, reflejo a la vez de las profundidades submarinas y del cielo.

domingo 9 de marzo de 2008

EL AMOR


El amor se comporta como lo hace Dios:
ambos se estregan sólo a su servidor más
valiente.

jueves 6 de marzo de 2008

GINGKO BILOBA


La hoja de un árbol que ayer
desde el este aquí ha llegado
guarda en sí un significado
que a los sabios da el saber.

¿Es un único ser viviente
separado de sí mismo?
¿O son dos que se han fundido
y como uno solo siente?.

La respuesta a estas preguntas
debe encontrarse hoy.
¿Acaso en mi canción no notas
que yo uno y doble soy?.

GOETHE.

Se dice que el gingko es un fósil viviente, puesto que es el único representante actual de una especie que desapareció hace millones de años y, al igual que la página de un libro, no existe en estado silvestre. Cada una de sus rugosas hojas, aunque nacidas de un solo tallo, parecen dobles, y esa ambigüedad inspiró a Goethe.

lunes 3 de marzo de 2008

EL NIÑO MASCOTA Y EL SUPERHOMBRE


Nos ha sido muy difícil concebir los maltratos físicos, que, sin embargo, son fáciles de observar, así que encontraremos dificultades aún mayores para percibir las privaciones afectivas. Es difícil ver un no acontecimiento, máxime teniendo en cuenta que el propio herido tiene dificultades para adquirir conciencia del desgarro. No se trata de un dolor físico, ni de una humillación, ni siquiera de una pérdida desgarradora. Se trata de una pérdida de afecto lenta e insidiosa que descalabra tanto más por el hecho mismo de no ser realmente consciente. Un infortunio, una violación, una guerra, un vínculo quebrado, permiten fechar y dar forma a la agresión. Pero en realidad estamos ante un enfriamiento del mundo, ante una extinción lenta, ante una evaporación discreta y continua de las figuras de vínculo.
Cuando un niño con carencias afectivas llega a la edad del compromiso amoroso con una fisura insidiosa de estas características, experimenta con angustia la llamarada de deseo que atiranta los bordes del mal remendado desgarro. Puede derrumbarse al vivir su primer amor. Por el contrario, el que ha aprovechado el encuentro amoroso para iniciar una metamorfosis resiliente ha conocido con anterioridad las primicias de las defensas constructivas.
Es lo que sucede con os niños mascota que encontramos en todos los orfelinatos. Nos hacen reír pese a encontrarse en medio de una situación de angustia. Escriben una poesía y nos la ofrecen a escondidas pese a estar plenamente sumidos en la pesadumbre. Tejen a su alrededor una red de camaradas de su edad y tratan de mantenerla pese a encontrarse en total estado de abandono. Estas defensas constructivas conservan un cierto número de pasarelas afectivas en un mundo en ruinas. Gracias a sus defensas íntimas, estos niños desolados preservan un islote de belleza. El refugio en la ensoñación proporciona unas cuantas horas de placer, algo que los niños desesperados buscan como si tuvieran una cita con una pequeña felicidad oculta: Venga, rápido, a ver si continúo mi sueño donde lo dejé ayer. Estos niños prevén su existencia mediante proyectos descabellados que les permiten soportar la tristeza de lo real, el basurero de su vida cotidiana. Su necesidad de comprender dar forma al mundo exterior, con el que tratan de no cortar los lazos. Quieren verlo y analizarlo para, más tarde, controlarlo: cuando sea mayor. Esa curiosidad y esa mentalización los mantienen en relación y evitan el naufragio melancólico, del que no obstante se hayan próximos. Su creatividad transforma su sufrimiento en dibujos que exponen, en relatos que expresan y en sainetes que representan, todo lo cual les permite ocupar el lugar de alguien que capta la atención de los demás.
Los niños mascota que atraen el afecto de los demás no son superhombres pequeñitos, ni mucho menos. Sin embargo, antes de su estrépito afectivo, recibieron de su entorno unas cuantas improntas precoces que lograron grabar en su memoria un rescoldo de resiliencia, como si pensaran: Noto que es posible amarme porque sé que he sido amado. El desgarro y el rescoldo coexisten en su memoria, como una representación de sí con la que se implican en la aventura amorosa.
Aline contaba: Me daba vergüenza no tener padres. Por eso, cuando un chico se me cercaba, mentía. Inventaba unos padres maravillosos y hablaba mucho de ellos. Mentía por razones de utilidad. Decía que me sentía escandalizada por mi factura telefónica para hacer creer que estaba muy solicitada. Soñaba con unos padres maravillosos, con un padre funcionario y una madre ama de casa. Sin embargo, cuando un chico me decía: Te quiero, le echaba la bronca: Te burlas de mí, y le agredía.

Texto del libro EL AMOR QUE NOS CURA
BORIS CYRULNIK.